Historia

Prehistoria

Los primeros indicios de pobladores en Ons corresponden a asentamientos  de cultura castreña de la Edad de Bronce. El más conocido, todavía sin excavar, se encuentra por encima del Barrio de Canexol y es conocido como “Castelo dos Mouros”. La falta de prospección de este castro implica que tampoco haya registro de la ocupación romana en la Isla, pues solían instalarse en los poblados célticos preexistentes.

El otro castro que se conoce como “Cova da Loba” se situó en la zona norte de la Isla, pero de él no quedan más que restos de cerámica, baldosas y abundantes concheiros.

Recientemente trabajos de prospección arqueológica han sacado a la luz la existencia de varias representaciones gráficas o petroglifos que se adscriben a una etapa histórica entre los siglos IV a.C. y II d.C., algo casi inédito en un territorio insular.

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Edad Antigua

La falta de prospección del castro situado en Canexol, hacen que no existan registros de la ocupación romana en la Isla, pues estos pueblos solían instalarse en los poblados celtas preexistentes. No obstante la presencia romana queda prácticamente constatada con el reciente hallazgo de un yacimiento en el entorno de Canexol. Su situación y las estructuras y materiales que presenta, se asocian a una explotación de recursos marinos de época romana.

Edad Media

La ocupación sueva y visigoda en Galicia no dejó rastro en Ons, pero los indicios existentes hacen intuir una despoblación total de territorio por culpa de los ataques de estos. La Isla de Ons aparece por primera vez en un documento en el año 899, cuando el rey Alfonso III dona la “Isla Aones” al Cabildo Compostelano.

A pesar de los ataques vikingos durante la Baja Edad Media, se conoció en la Isla un monasterio durante el siglo XV del que ya no queda evidencia y del que se desconoce si albergaba órdenes religiosas de forma estable o si sólo hicieron uso del mismo monjes del interior de la costa para retiros y meditación. Su situación se asocia a un sepulcro antropomorfo que se conserva en un islote en la playa de Area dos Cans, conocido como “Laxe do Crego”, datado en esta época y aunque ya no conserva la tapa, es visible en marea baja. Todo este conjunto histórico fue origen de leyendas populares entre los isleños.

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Edad Moderna

La Edad Moderna fue una época de inestabilidad en Ons debido a los numerosos saqueos y asedios de piratas.  A finales del siglo XVI comenzó el asedio de corsarios ingleses, el más conocido y temido incluso por los suyos fue Francis Drake, y también piratas turcos y berberiscos. Los saqueos y la quema de dependencias de este lugar, terminó con la huida a la costa de los pobladores ya entrado el siglo XVIII.

Edad Contemporánea

En el siglo XVI la iglesia había concedido la Isla en feudo a la familia Montenegro pero los continuos ataques de corsarios y piratas durante la Edad Media hicieron que la Isla quedara deshabitada en el siglo XVIII. En el año 1810, la Junta Provincial de Armamento y Defensa decidió fortificar la Isla, quedando la propiedad de los Montenegro más segura.

De esta época destacan las fortalezas de Pereiró, de la que sólo quedan algunas piedras, y la del “Castelo de Roda”, situada cerca del muelle. El aumento de la seguridad permitió la repoblación y se instauró una división parcelaria de terrenos que el Estado cedía a los isleños para su cultivo a cambio de un canon. La recaudación se destinaba, en principio, a sufragar las fortificaciones y, después, pasó a entregarse a los señores de la Isla.

Entre los años 1835-1840, se instaló la primera fábrica de salazón cerca del muelle y cambió la vida de los isleños, que hicieron de la pesca su actividad económica principal y aumentaron su población; cuando finalmente la empresa cerró, trasladaron a la costa la venta de las capturas.

En 1929, Manuel Riobó compró la Isla e instaló una sociedad mercantil dedicada al secado y comercialización de pulpo y congrio, que motivó que los isleños se especializasen en estas especies. El heredero de esta sociedad, Didio Riobó, se suicidó al empezar la Guerra Civil y la Isla quedó sin gestión directa. En el año 1940, el Estado expropió la Isla para defensa nacional y el Ministerio de Ejército se hizo cargo de ella en 1943, con intención de instalar una base de submarinos que nunca llegó a construirse. Cuando la II Guerra Mundial terminó, la Isla de Ons pasó por distintas administraciones del Estado.

Durante los años 40 y 50 la Isla de Ons vivió su mejor época, con casi 500 habitantes. Su despoblamiento progresivo en apenas 20 años, debido a la falta de una mejora de las condiciones de vida de los isleños, fue parejo, al igual que en las Islas Cíes, al auge turístico, especialmente importante a partir de los años 70. Actualmente Ons es la única de las Islas Atlánticas que todavía conserva una población estable, aunque de menos de 20 personas.

Desde hace muchos años, la Isla de Ons es conocida por varias de sus leyendas, que la hacen más atractiva para el turista, como la del famoso Buraco do Inferno, lugar desde el que se dice que se pueden oír los lamentos de las almas de los que sufren tormento por sus pecados.

Actualmente pertenece al Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Illas Atlánticas y es un destino turístico de naturaleza y gastronomía.

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