Ruta del faro

Esta ruta parte de la caseta y sube hacia el Curro, el principal núcleo de población de la isla.

Puntos de interés: Barrio de Curro – Faro de Ons – Enseada de Caniveliñas.

Longitud: 4km (ida y vuelta)

Duración: 1h 30min (ida y vuelta)

Dificultad:

A nuestra derecha, las primeras casas que encontramos y que hoy son las dependencias de parte del personal del Parque, cuentan parte de la historia de la isla; allí se ubicó la primera fábrica de salazón, a mediados del S.XIX, hecho que cambió la vida de los isleños, modificando parte de su actividad pesquera y propiciando un periodo de bonanza económica y un crecimiento notable de la población residente.

Más tarde, después del cierre de la fábrica a comienzos del S.XX, se instaló allí la familia Riobó, por aquel entonces propietaria de la isla. Una vez en el cruce principal, después de atravesar el pueblo, continúa la ruta por la pista asfaltada que comienza ascendiendo suavemente hacia el suroeste. A unos 200m a la derecha podemos observar uno de los casales que mejor muestra la arquitectura propia de la zona: planta rectangular, piso bajo, puertas y ventanas orientadas hacia el Este, galpón, hórreo y un espacio para guardar la dorna, embarcación pesquera tradicional, en seco.

Antes de tomar la siguiente curva, las espléndidas vistas de la Ría de Pontevedra nos harán hacer un pequeño alto en el camino. Serpentea ahora entre antiguos campos de cultivo. Un poco después, unas cuantas casas diseminadas nos avisan de que hemos llegado al barrio de Cucorno. Al fondo, se recorta la gran torre hexagonal del Faro de Ons.

Actualmente no es posible, salvo autorización expresa, acceder al recinto del Faro, así que nos desviaremos, 100 m antes del mismo, por una pista que a nuestra izquierda se dirige hacia la parte oeste de la isla.  En unos minutos estaremos junto al desvío que accede al pequeño helipuerto y al que merece la pena acercarse, ya que allí es desde donde mejor se contempla el magnífico edificio del Faro. Situado en el punto más alto de la isla,  a 119m sobre el nivel del mar, eleva su linterna hasta los 128m; junto con el de Sálvora, es uno de los pocos que quedan en España aún atendidos por fareros. De forma ininterrumpida desde 1926, año en el que empezó a funcionar, primero con petróleo y hoy en día a través de un sistema de placas solares, su potente haz de luz sirve de guía a las numerosas rutas marítimas que recorren las Rías Baixas.

Después de imaginarnos la dura pero interesante vida de un farero, volveremos sobre nuestros pasos para retomar la pista anterior, que desemboca en la que bordea toda la costa oeste. Nos dirigiremos hacia el Sur (a nuestra izquierda), siguiendo el camino que desciende entre el espeso matorral de tojos, brezos y jaras que comienzan a perder terreno frente a las duras condiciones que impone el océano atlántico, lo que comprobamos en los recortados acantilados modelados por la fuerza del agua.

La Ensenada de Caniveliñas, que poco a poco va llenando nuestro campo de visión, es el profundo entrante que determina la zona más estrecha de la isla, de unos 350m de ancho