Historia

Prehistoria

La Islas Cíes fueron territorio de paso del hombre del Paleolítico, Mesolítico y Neolítico pero no llegó a constituirse un asentamiento hasta la Edad de Bronce. De esta época se han encontrado útiles atribuibles al Mesolítico (hace unos 10.000 años), pero todavía no se han hallado restos de las etapas prehistóricas posteriores (Neolítico y Calcolítico). De la Edad de Bronce destaca el poblado castreño de “As Hortas” situado en la ladera occidental del Monte Faro y otras referencias a estructuras similares en el Alto da Campá, aún sin verificar.

“As Hortas” es un poblado de tipo castreño-romano así clasificado por las estructuras y restos encontrados. Este espacio posee una serie de abrigos naturales de los que cabe destacar el conocido como “Altar Druídico”, que muchos han interpretado como ara de sacrificios en honor a dioses.

Se especula que estas islas formaban parte de las míticas Islas Kassitérides del griego Herodoto. La ausencia de estaño en el interior de las islas hace pensar, que de ser cierto, tan sólo pudieron ser lugar de comercio de dicho metal para Fenicios y Cartagineses.

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Edad Antigua

En las Islas Cíes o “Islas de los Dioses”, como las denominaron los romanos, existen claras evidencias del paso de esta civilización. En ellas se ubica la leyenda de Julio César que, en su persecución de los Herminios, parte desde Baiona en varias galeras y ochenta balsas para exterminar a los últimos guerreros celtas refugiados en las Islas Cíes.

Los restos romanos similares al poblado de “As Hortas” encontrados en la Islas Sur, junto con cerámicas y, hasta un anillo de oro que data del siglo II d.c., sugieren  que en estas islas, a las que Plinio denominó Islas Siccas, existió también un asentamiento o puesto de vigilancia para las naves mercantes, aún sin confirmar.

En este paraíso natural, se sitúa también la leyenda de Julio César que luchó contra los Herminios refugiados en estas tierras. Sin embargo, el invencible general se mostró incapaz de doblegar por las armas la bravura de este pueblo y no le quedó más solución que rendirles por el asedio y el hambre.

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Edad Media

Durante la Edad Media se instalaron en las Islas Cíes dos conventos eremitorios: San Estevo, en la Isla del Medio, y San Martiño, en la Isla Sur.

En el año 899, el rey Alfonso III donó las Islas a la Iglesia y los monjes que allí se instalaron ejercieron funciones de control y administración sobre la pequeña población que congregaron. Los conventos son transferidos a la Orden Benedictina, en el año 1152, y a los Franciscanos, en el año 1377. Estas nuevas comunidades religiosas permanecieron en las islas hasta la mitad del siglo XVI.

Entre los siglos XVI y XVII, los conflictos internos de la Iglesia y los continuos ataques de piratas provocaron el abandono de las Islas Cíes por parte del clero.

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Edad Moderna

Durante esta época, las Islas Cíes fueron utilizadas como caladero o refugio para barcos extranjeros. Estas nuevas invasiones de turcos, tunecinos e ingleses respetaron en gran medida a los isleños, salvo en el caso del famoso pirata Francis Drake que se ensañó con la Ría de Vigo y asoló la Cíes.

En el año 1702, se produjo en esta Ría la famosa Batalla de Rande entre las escuadras franco-española y anglo-holandesa que, tras la victoria de ésta última, dejó leyendas sobre tesoros encerrados en los navíos españoles hundidos en las aguas de estas islas.

Por todo ello, este archipiélago fue objeto de varios planes de fortificación en el siglo XIX. En concreto, en el año 1810, se construyó un almacén de artillería, en el antiguo Monasterio de San Estevo, y un Cuartel de Carabineros del Reino y una cárcel, próximos a la playa de Nosa Señora. Estas instalaciones proporcionaron una mayor confianza que promovió la repoblación y la instalación de nuevas actividades.

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Edad Contemporánea

Actualmente las Islas Cíes forman parte del Parque Nacional Marítimo – Terrestre de las Illas Atlánticas. Se trata del segundo destino turístico con mayor afluencia de la Comunidad, tras la catedral de Santiago de Compostela.

Hasta mediados del siglo XX, las Islas Cíes estuvieron habitadas por bastantes familias que las fueron abandonando paulatinamente, debido a los escasos medios y recursos de los que disponían en este entorno. Su modo de vida se fundamentaba en la agricultura y pesca de autoconsumo y en ocupaciones como cuidadores o temporeros en las fábricas de salazón, mientras permanecieron abiertas.

Actualmente, la mayor parte del archipiélago de las Islas Cíes es propiedad del Gobierno Autonómico y su uso es fundamentalmente turístico. En las últimas décadas, las visitas turísticas se han ido incrementando exponencialmente y, en la actualidad, se ha convertido en el segundo destino turístico de Galicia, después de la Catedral de Santiago de Compostela, razón por la cual surgió la necesidad de establecer diversos sistemas de protección. Hoy no existe una población permanente, pero todavía quedan unas escasas casas construidas en los años 60-70.

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